viernes 21 de septiembre de 2007
De nuevo en camino
Fui a buscar a mi compañera al taller y Salí hacia el lugar donde me había quedado. Salí como en casa, sin guantes, sin herramientas,sin equipaje, hasta sin casco, iba ligero. Quería probar que tal había quedado la carburación, y quedo bien. Hice el Cañón del Pato de ida y de vuelta.
De ida es emocionante pues vas pegado al precipicio, resbalando un poco sobre la infinidad de piedras sueltas y conteniendo un poco el respiro jaja.

Llegue a Yungaypampa sin problemas, visite a mis nuevos amigos y me despedí pronto para retomar la ruta de regreso. A medio camino paré para comer un rico Cuy (roedor, ratón, rata o como le quieran llamar jeje) un poco picante estaba, pero muy sabroso. De vuelta en el Cañón del Pato pensaba en que loco era esto, pues ya lo había cruzado cinco veces con esta última. Una en camioneta a dedo y de ida para buscar mecánico, otra en combi de vuelta, otra con la rusa en un camión al taller y ahora estas dos ya montado en la rusa. Creo que tengo algún record jajaja.
Tantas veces y no vi ningún miserable pato jajaja. Pues bien amigos, mañana de madrugada salgo vía Lima donde me esperan integrantes de Lima Moto Club.
Ya les contare las nuevas aventuras cuando llegue. Un abrazo a todos. Gabriel

Jueves 20 de septiembre de 2007
VOLANDO EN EL CAÑON DEL PATO
Ingrese a la ruta que lleva al Cañón del Pato vía Santa, unos 60 m de asfalto perfecto y suaves curvas. Paisajes hermosos, sin tráfico y con un clima templado perfecto. Así hasta Chuquicara donde el perfecto asfalto de pronto y sin aviso se convierte en el peor de los caminos imaginables. Un río de piedras más que un camino. Rocas filosas como cuchillos, cruzadas, salidas, amenazantes. Realmente pensé que las gomas no iban a aguantar, no llevo repuesto así que pensé que quizás si ocurría la unica solución sería llenar la rueda de tierra y rodearla con cinta adhesiva, jajaja me río pero realmente la pensé jajaja. Encare con confianza y ya a los pocos metros de haber ingresado a este camino fatal ya estaba bailando de un lado a otro. Saltando sin parar como si estuviera en una licuadora. Pensé seriamente en que la rusa se desarmaría. Me puse la faja pero igual mis tripas eran un revoltijo. Cien metros más allá y el espejo se aflojó, perdí una botella con agua, y tenia polvo hasta en las pe…stañas. La temperatura aumentaba a medida que avanzaba, llegó a los 33 grados y era insoportable. Continué maravillado por la presencia de los paisajes andinos durante unos 70 Km. de pura piedra, no se cuantas horas tarde en recorrer esto pues estaba tan atento al desastroso camino, que no mire ni hora ni Km., ni gasolina ni nada. Este sector requiere toda la atención, para no reventar las ruedas o salir volando al cañón, donde jamás me encontrarían. Después de salir de esta zona, en realidad de la peor parte, el camino mejoro considerablemente. Justo cuando empezaba a disfrutar de un mejor sendero, muerdo un borde de arena y ahí mismo me caigo. Me costo levantar a la rusa, sin darme cuenta ya estaba agotado. Seguí conduciendo y la noche amenazaba, iba lento y sin apuro con la idea de acampar por ahí mismo, hasta que muerdo otro borde de arena y creo había una roca escondida porque la rusa se desbocó y yo salí volando cual superman por los aires andinos. Mis piernas pasaron por arriba de mi cabeza en una vuelta espectacular. Mientras iba por los aires tuve tiempo de darme cuenta que estaba a punto de hacerme pedazos. Cuatro metros más allá aterricé con todo el peso de mi cuerpo y cansancio y de espaldas, sobre unas rocas. Un piedra en especial, y no supe después cual de todas fue, hizo de blanco para recibir justito el hueso de mi columna, y otra de mi codo y otras más de otras tantas partes. Sentí los puntazos de dolor por todo el cuerpo, ahí quedé unos segundos tirado en el polvo bajo unos 33 grados de calor, cansado hambriento y golpeado. Miré el cielo azul durante un momento y me levante de un salto con la adrenalina todavía haciendo efecto. Verifique mi lamentable estado jajaja, y comprobé que estaba bien, solo magullado. Miré a la rusa y vi a la pobre como si la hubiera embestido un toro. Vidrio de foco delantero hecho añicos, faro izquierdo roto, pedales doblados, barra frontal doblada, chorreaduras de gasolina del tanque, chorreadura de gasolina del carburador, tiras rotas, barra sostenedora de alforjas partida, espejo roto, etc, etc, etc. Intente una seis veces pararla pero era tal mi agotamiento que no pude. Ahí estábamos la rusa y yo, solos, abandonados a nuestra suerte y cubiertos de polvo. Habíamos logrado cruzar la peor parte. Ya nadie podía quitarnos lo andado. Ese era nuestro orgullo, Estaba tirada en medio del camino y llena de polvo, de sus costados brotaba gasolina cual sangre fresca. La miré, me senté a su lado y prendí un cigarrillo (la gasolina chorreaba para otro lado, no se preocupen jeje), quedé absorto por el paisaje circundante y el fresco recuerdo de la ruta recién conquistada, ella también.................................................La hora de la verdad. De pronto apareció una señora y su hijo y corrieron a ayudarme. Levantamos la moto, daba lastima. Al primer intento encendió con furia, con ganas de más, seguimos adelante ya buscando algún recodo para acampar y llegamos a oscuras a Yungaypampa, un pintoresco caserío en medio de montañas, donde nos recibieron con los brazos abiertos. Después de disfrutar un par de cervezas heladas que me ofrecieron en el lugar, procedí a armar la carpa en una esquinita de la plaza central. Esa noche no se si dormí, no recuerdo, pues estaba tan dormido… jeje. Lo que si recuerdo es que los pobladores aparecieron con un plato de comida, al otro día con fruta, al otro…Al siguiente día me levanto y veo las chorreaduras. Calculo que puedo hacer otros 70 m al siguiente pueblo hasta algún taller para soldar y reparar lo que haga falta, de forma segura. Enciendo a la rusa y prende sin demoras. La pago para armar el equipaje, ajusto algunas cosas y cuando vuelvo a encender pues ya no enciende. Las chorreaduras aumentan y así me quedo el día entero, intentando reparar lo que más podía. Otro día más y ya no había caso, hice dedo hasta el siguiente caserío buscando un taller sin resultados. Seguí hasta Caraz y encontré uno pero el mecánico no estaba por ese día. En fin, otro día más. Finalmente decido embarcar la moto en algún camión que pasara por ahí. Por la mañana era una preocupación el como subirla a la, hasta dos días antes todo poderosa rusa, en un camión. Cuando llego un rodado ya empezaron a aparecer personas de todos lados y logramos subirla, que linda gente, así es en Perú. Todos ayudan, todos ofrecen, todos saludan. En los caminos, en las rutas casi todos tocan bocina, sacan sus brazos para saludar, se acercan cada vez que paro, es realmente un placer estar aquí. Gracias Perú. Hoy estoy en Caraz, la moto en el taller y yo también jajaja, la ultima ves que me bañe fue en Loja Ecuador jajaaja, eso me pasa por ir de desierto en desierto…jajaa. Mañana saco la moto y voy a conducir hacia atrás hasta donde me quedé para hacer lo que me falto y seguir hacia Lima. Cierto, todos me preguntan cuantos somos los que viajamos. Yo respondo que solo, pocos me creen, entonces decidí confesar la verdad. En realidad viajamos entre tres, yo y mis dos huevos, perdón, mis dos huevos y yo, jajajajaja. No se preocupen, estamos bien…